Angela Fiorenza | Parar para Renacer
1268
post-template-default,single,single-post,postid-1268,single-format-standard,et_divi_builder,qode-listing-1.0.1,qode-social-login-1.0,qode-news-1.0.2,qode-quick-links-1.0,qode-restaurant-1.0,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,footer_responsive_adv,hide_top_bar_on_mobile_header,qode-content-sidebar-responsive,qode-theme-ver-13.0,qode-theme-bridge,bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.4.4,vc_responsive,et-pb-theme-bridge,et-db,et_minified_js,et_minified_css

Parar para Renacer

Y sin imaginarlo nos llegó el momento de parar, de bajar el ritmo, de hacer silencio, de mirar adentro para comprender desde un sentido más elevado nuestro propósito personal y nuestro rol en estos cambios que nos invitan a evaluar, a dar lo mejor de nosotros a nivel personal y colectivo y  hacer del tiempo que se nos concede una oportunidad de co crear un mundo mejor.

El silencio nos ha gritado y nos ha hecho comprender que hay mucho por revisar y un camino nuevo por trazar. Una oportunidad que vista desde la luz, nos permitirá encontrarle un sentido profundo a nuestro tiempo en este planeta y a descubrir dentro de nosotros la esencia de luz, amor y compasión que siempre hemos sido. Un gran faro está iluminándonos para mostrarnos como realmente somos reflejando así nuestros miedos más profundos, nuestros anhelos, nuestros sueños y nuestra esencia que se abre paso cuando lo incierto deja ver de qué estamos hechos.

Ya nada volverá a ser igual. El mundo que conocíamos se viene desintegrando día a día haciéndonos ver el verdadero sentido de la vida y lo ajenos que hemos estado de ella al mismo tiempo. Sistemas que antes se percibían como invencibles comienzan a desvanecerse ante nuestros ojos, estructuras otrora inquebrantables se tambalean a la vez que se mueven nuestros cimientos y lo que creíamos cierto. Todo está en constante cambio para recordarnos la naturaleza dinámica de todo,  lo efímeros y vulnerables que somos y para hacernos ver de una manera única nuestra soberbia y egoísmo. En medio de la quietud que experimentamos, nada permanece estático. Los sistemas batallan por sobrevivir, las empresas aun no dimensionan el panorama completo, los gobiernos intentan sostener de la mejor manera esta coyuntura y los humanos apenas estamos vislumbrando lo que acaba de acontecer imaginando lo que será de nuestra vida después de esta gran lección. La naturaleza de la vida misma es el cambio y aún así nunca nos acostumbramos a él. Estábamos demasiado dormidos y acostumbrados a un mundo que aparentemente funcionaba pero que silenciosamente iba enfermando sin darnos cuenta.

Olvidamos los hilos que a todos nos conectan, ese gran tejido de amor donde todos somos uno y donde inextricablemente influimos en la vida de todo un sistema. Olvidamos también nuestra conexión y nuestra esencia de amor para centrarnos en separarnos en juzgarnos y en creer que las diferencias eran el enemigo, en vez de recordar que es en esa riqueza donde habita Dios en su infinidad de formas y expresiones en el ejercicio divino de expansión y creatividad que han hecho enaltecer la tierra y a todos como especie. Nos hemos creído dueños del mundo olvidando que somos administradores y depositarios de un paraíso que nos fue entregado como escenario de experimentación para nuestra evolución. Olvidamos el sutil y delicado equilibrio que sostiene la vida, que compartimos junto a los reinos que nos precedieron y con millones de especies, que han tenido que ceder y replegarse ante nuestra sed devoradora, consumista y egoísta. La Madre Tierra ha sido tremendamente abusada, irrespetada y saqueada y nuestros animales han sufrido la inconsciencia de nuestra espacie de maneras dolorosas de recordar. La naturaleza hoy reclama lo suyo reconociendo espacios que alguna vez les quitamos y hablando de manera sutil pero poderosa que esta tierra también les pertenece.

La vida nos envió pistas, muchas de ellas ignoradas, nos susurró paciente, nos habló en múltiples lenguajes y nos pidió a gritos parar. Miles de señales vimos en el camino, pero estábamos demasiado ocupados, demasiado ciegos demasiado dormidos para darnos cuenta que nuestro estilo de vida era cada día más insostenible y que se nos estaba olvidando ser humanos. Un crecimiento de población desbordado gestado desde la inconsciencia, intereses privados prevaleciendo sobre el bienestar colectivo, gobernantes y líderes globales indignos de representar un pueblo, corporaciones avaras, codiciosas e insaciables de poder y humanos dormidos e inconscientes de su poder divino y de su responsabilidad -por mencionar solo algunas cosas- fueron el peligroso coctel que se creó y que hoy bebemos como consecuencia de olvidar.

Lo que pasa afuera, es un reflejo de cómo estamos adentro. En este momento de silencio y reflexión, es el tiempo perfecto para ver ese reflejo y hacernos cargo de lo que vemos. Hoy se nos da una oportunidad sin precedentes para retomar el camino y para cambiar desde el interior para en un futuro cercano ver otro resultado en el exterior. Todo puede ser transformado desde el amor y la consciencia y la posibilidad de descargar nuevos potenciales está en nuestras manos a cada instante.

Es momento de revisar y de hacer un balance profundo con el fin de gestar acciones y decisiones enmarcadas en un propósito superior que nos lleven como humanidad a recordar y a vivir la armonía y a experimentar la gracia que emana cuando nos amamos, cuando vibramos alto, cuando respetamos, nos honramos y nos unimos en propósito. Es momento también de reflexionar sobre los ciclos y de comprenderlos desde un nuevo lugar. Este tiempo también será un gran cernidor, donde amistades, amores, proyectos, empresas se filtren por frecuencia y por correspondencia. Muchos vínculos y creaciones se transformarán a otras experiencias o relacionamientos, permitiendo que quede lo que tenga que quedarse y alejar de manera definitiva lo que ya no se puede seguir perpetuando.

Es un gran momento para recordar que somos iguales. Hoy todos estamos experimentando las misma situación, los mismos desafíos y este virus no selecciona estratos, razas, genero o edad. Un gran “equalizador” que nos ha puesto a todos en la misma posición de vulnerabilidad. Hoy los miedos salen a la luz, la ansiedad se abre camino y lo incierto hace que el piso que caminamos por momentos no se visualice. Damos pasos juntos en el aquí y el ahora, en el instante y lo inmediato. Los días han perdido su etiqueta y la carga emocional que tenían para abrir paso al presente donde verdaderamente sucede la vida.

Hay mucho por interiorizar, integrar y re pensar…Sean cuales sean las reflexiones que hagamos en nuestro interior, TODOS estamos llamados a co crear una nueva realidad. De la consciencia de todos depende el destino de la especie. El planeta podrá seguir su curso de armonía y expansión sin nosotros, pero la raza humana tiene que hacerse cargo de sus creaciones y decisiones para transformarlas hacia una nueva realidad. Todos somos parte de esta nueva era de cambios y oportunidades de oro para encausarnos y elevarnos por encima de las circunstancias. Es momento de jugar diferente, de emanar nuestra luz de una manera más intensa, de vivir verdaderamente nuestra misión personal, de hacer florecer los activos espirituales de la fe, la compasión, el amor incondicional, la sabiduría y la visión para convocar al colectivo a co crear nuevos potenciales y paradigmas para que esto nunca más se vuelva a repetir. Es momento de una conexión más profunda con Dios- cualquiera que sea tu fe o tu visión de esa fuerza creadora-.  Estamos llamados a una relación más profunda con esa Fuente de Amor original de donde todos venimos y a donde inevitablemente vamos a regresar. Es momento de recordar que Dios habita dentro de nosotros y a la vez en cada expresión de vida que hoy nos habla para revelar que el creador también habita ahí. Es momento de reconocer a nuestra Madre Tierra como una verdadera madre y no como el campo de experimentación donde todo se vale en nombre del dinero. Una nueva relación con el planeta es imperativa para construir los cimientos de la nueva tierra que estamos llamados a gestar. Hoy cada uno de nosotros somos las semillas de ese gran cambio, y las circunstancias demandan que cada semilla esté despierta y llena de luz para que los frutos que se recojan en un futuro contengan la esencia de nuestra grandeza.

Nos fue otorgado el reglo de la vida y el mandato de amarnos y de cuidar este espacio donde nos experimentamos. Que este nuevo regalo que nos da la vida de mirar hacia adentro y de hacer un alto en el camino sea la oportunidad para recordar nuestra unidad y nuestra esencia de amor y luz que hoy comienza a brillar desde nuestro silencio para pronto salir a iluminar al mundo.  Tengo la certeza de que saldremos adelante demostrando que esta pausa era la oportunidad que necesitábamos para renacer a lo que verdaderamente somos.

angelafiorenza
angelafiorenza
hello@angelafiorenza.com
No Comments

Post A Comment