Angela Fiorenza | Yo Veo a Dios en Ti
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Yo Veo a Dios en Ti

Soy de las pocas afortunadas de escuchar los pájaros al levantarme cada mañana y de escuchar antes de irme a dormir a las ranitas cantar. Qué privilegio y la vez qué nostalgia me da saber que cada día somos menos los que podemos deleitarnos y maravillarnos ante los cantos y expresiones de nuestra Madre naturaleza.

Hubert Reeves, astrofísico canadiense, lo menciona de manera contundente cuando asegura que “El hombre es la especie más insensata, venera a un Dios invisible y masacra una naturaleza visible, sin saber que esta naturaleza que él masacra, es ese Dios invisible que el venera” Nada más cerca de la realidad. Estamos tan desconectados de nuestra esencia de unidad, que no nos damos cuenta que al destruir “afuera” nos estamos destruyendo “adentro”

Hace tiempo, en mi camino de despertar, comencé a ver a Dios en todas las cosas. Ha sido un proceso lento, que a veces avanza y a veces retrocede, que a veces es tan lúcido y por ratos cae en el olvido de mis contradicciones, mis condicionamientos y mi trance. Lo que si es cierto para mi, es que cuando veo a la naturaleza, yo veo a Dios en cada átomo, en cada hoja, en cada color, en cada árbol, en cada ola, en cada ser que emana vida, en cada rayito de sol que amorosamente se atreve a despertarme cada mañana. Veo a Dios en los ojos verdes de mi madre, en la sonrisa cómplice de mis hijas, en mi familia de sangre y del alma, en la noble mirada de mis perritos, en los arrunches felinos matutinos, en las montañas, en los seres con quienes co creo en mi trabajo, en los colibríes que me saludan en mi ventana y en el pajarito negro que cada que me siento en mi mesa favorita se acerca a curiosear.

Si tan sólo recordáramos que somos uno….. Si recordáramos que tu eres yo, que ese árbol que talamos soy yo, que el aire que contaminamos soy yo, que ese animal que masacramos soy yo, que ese niño que muere de hambre soy yo, el mundo comenzaría a vivir un nuevo ciclo, donde el amor, el respeto y el reconocimiento de unidad harían brillar este planeta con un nuevo halo evolutivo que nos permitiría trascender.

Hoy quiero invitarte a que comiences a experimentar tu mundo con una nueva mirada….. Te invito a reconocer que todo es Dios. Te invito a recordar que en cada átomo de vida Dios se encuentra

escondido. Se que ese ejercicio implica romper paradigmas, elevarte a un nivel lleno de amor y compasión, a desintegrar el miedo, a trabajar profundo en ti y sobre todo, invita a un gran trabajo de aceptación y reconocimiento en profunda consciencia. Bajo esa mirada los días pueden volverse conmovedores pero llenos de revelaciones.

Hoy levántate de la cama, abriendo los ojos a través de los cuales Dios puede ver tu mundo. Saluda a tu familia, mirando a Dios en cada una de esas expresiones. Si tienes mascotas (y eres bendecido por tenerlas), reconoce a Dios en tu interacción con esos seres amorosos que solo conocen el amor y el momento presente. Hay mucho que aprender de ellos allí. Al salir de tu casa respira a Dios en el aire que inhalas y regresa a Dios más un poquito de ti en cada exhalación. Dale la mano al vigilante de tu edificio que es Dios en la expresión de alguien que dejó de dormir en su casa por cuidarte toda la noche. Cuando vayas en el tráfico insoportable de esa ciudad en la cuál eliges día a día vivir, deja pasar a esa persona apresurada y angustiada- quien también es una expresión de Dios-, que pita como bubuzela en un mundial de football, porque quizás quiere llegar a la clínica a tiempo antes de que su ser más amado parta de este mundo. Llega al trabajo que elegiste bendiciendo la oportunidad de co crear en un lugar donde progresas y haz el ejercicio de mirar a cada compañero de trabajo como una expresión de Dios. (Este ejercicio en el trabajo es quizás donde más nos cuesta! Ha! ¿No será el lugar de mayor crecimiento y mayor oportunidad?)

Te invito a salir a la hora del almuerzo y ver a Dios en cada parte del plato que te vas a comer. ¿Acaso no son expresiones de Dios los vegetales, los carbohidratos, los nutrientes, el agua y los animales que dieron su vida por alimentarte?

Regresa a casa después de tu trabajo contemplando el atardecer -o lo que podemos ver aun de él entre tantos edificios,- y respira profundo admirando que cada día nuestro “Pintor Universal” nos sorprende con un nuevo cuadro. Admira la Luna, Dios también está ahí, sal a tu terraza o a tu ventana y cuenta las estrellas a la vez que cuentas tus bendiciones. Eleva tu mirada hacia el amor en todo y con todos. Si aun necesitas ponerte los “lentes del amor” mientras lo haces de manera natural hazlo, ¡pero hazlo!!!!

Desde esa mirada donde todo es Dios, y en el descubrimiento de que evidentemente Dios ha estado escondido en todo y en todos, ¿cómo verás ahora a tu familia, a tus vecinos, a tu planeta? ¿cómo juzgar a Dios?, ¿cómo mirar y qué decirle a cada expresión de Dios en las miles de oportunidades que se nos presentan en el día a día?, ¿cómo honrar las creaciones de la naturaleza, a los animales y a la exuberancia de la vida en cada expresión que se manifiesta ante nosotros? ¿cómo proteger a Dios protegiendo a nuestros niños, a los ancianos y a los más vulnerables? ¿cómo proteger desde una mirada de unidad a los animales, a la Madre Tierra, a los reinos y a los elementos? Sin duda es una reflexión que nos invita al cambio y a amarnos más, a ver a Dios más. Es un ejercicio que nos puede llevar a un cambio profundo en nuestro estilo de vida, de nuestros hábitos consumistas nocivo y a que se revele de una manera sagrada el Dios que siempre ha estado y siempre estará dispuesto a revelarse ante aquellos que tengan ojos para verlo, corazón para sentirlo y un alma lista para despertar, integrarse y trascender.

Este mundo necesita la mirada del amor y que recordemos que todo somos Dios. Tengo la certeza de que si miráramos a todo lo que nos rodea cómo Dios, las enseñanzas de los Maestros cobrarían un nuevo sentido y experimentaríamos el cielo en la tierra comprendiendo por medio de la experiencia las palabras impresas en la eternidad, “el Padre y yo somos uno”

Yo quiero mirarte cómo Dios.

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